martes, 29 de octubre de 2013

Fundamentalismo, pluralismo religioso, Liberación

Espiritualidad y Religión / 5

HayaFundamentalismo, Pluralismo religioso, Liberación.

En esta quinta entrega del curso Gonzalo nos invita a no hablar de una manera general y abstracta deReligión, sino de las formas concretas como se vive.
Para recibir el material completo hay que inscribirse en el Curso entrando en CURSO-TALLER ESPIRITUALIDAD Y RELIGIÓN.
En cualquier caso la matrícula es gratuita
La religión, precisamente por ser una socialización de la espiritualidad, reacciona ante las tensiones de la sociedad. En esta Unidad y en la siguiente, vamos a tratar las que actualmente pueden ser más significativas.
  • Fundamentalismo
Este término puede tener un sentido positivo si se refiere a volver al verdadero fundamento, al espíritu inicial de cualquier institución. Ha prevalecido el sentido negativo porque se ha pretendido volver no al espíritu sino a la letra en que se plasmó inicialmente ese movimiento sin tener en cuenta la evolución cultural y social.
En España el concepto de fundamentalismo se ha asociado lamentablemente con el fundamentalismo islámico. Su origen sin embargo es el libro publicado por los teólogos protestantes de la Universidad de Princeton “The Fundamentals. A Testimony to the Truth” (1909-1915).
Esta tendencia antropológica y social, que manifiesta el fundamentalismo, es mucho más antigua, y sus representantes han sido denominados comoIntegristas – Fanáticos – Extremistas – Radicales – Tradicionales, con ligera variación de matices.
El fundamentalismo se caracteriza por ser una reacción defensiva emocional de una minoría para proteger sus privilegios. Esta reacción se da no sólo en el campo religioso. Stiglitz, premio Nobel de economía, considera el Neoliberalismo como un fundamentalismo económico y político. Podríamos hablar también del fundamentalismo de aquellos científicos que sólo consideran verdadero lo que se puede demostrar con la experimentación.
El fundamentalismo religioso se da principalmente en las religiones proféticas, que consideran como revelación divina la palabra inalterable de sus libros sagrados. Sin embargo la confabulación de la religión con la política –que se da en las religiones proféticas y también en las cósmicas y politeístas- lleva frecuentemente a las guerras de religión o al asesinato de líderes como Gandhi a manos de un hinduista.
  • Pluralismo religioso
Las actitudes que han adoptado las religiones –principalmente las reveladas- ante el pluralismo religioso pueden reducirse a tres.
  1. Exclusivismo. Es característico de la religiones del libro, porque lo consideran la única y definitiva revelada por el mismo Dios. En la Iglesia católica llegó a formularse esta exclusividad con la expresión Fuera de la Iglesia no hay salvación
  2. Inclusivismo. Para muchos teólogos –ya en el siglo XX- resultaba inaceptable la contradicción entre el amor infinito de Dios y la inmensa mayoría de la humanidad que quedaría excluida de la salvación. Sólo aludiré aquí a la solución de Karl Rahner, que admitía la salvación de todo hombre de buena voluntad considerándolos incluidos en la Iglesia como Cristianos anónimos
  3. Pluralismo religioso. Un paso más adelante –todavía poco aceptado y con matices- es la aceptación plena del pluralismo religioso. Toda religión es camino de salvación, porque todas son reveladas por Dios. Evidentemente esto implica un concepto más amplio de revelación, como hemos explicado en el capítulo anterior. En esta línea se mueven teólogos como Dupuis y  J M Vigil. Torres Queiruga matiza que este pluralismo es asimétrico, porque la revelación –la comprensión de la manifestación de Dios- es desigual, asimétrica, en cada época y en cada cultura. Dios se manifiesta a todos por igual, pero no todos tenemos la misma capacidad para comprenderlo.
El pluralismo religioso es una realidad histórica y social. Toda religión es un intento de comprender la realidad en su dimensión más profunda, de resolver las preguntas existenciales que no pueden resolver las ciencias o los conocimientos racionales: ¿de dónde venimos? ¿adónde vamos? ¿cómo debemos actuar?
Este intento de comprensión requiere la mediación de las facultades humanas desarrolladas por la cultura de cada pueblo y de cada época; las emocionales (inteligencia emocional), las racionales, las intuitivas y valorativas (inteligencia espiritual). Como las culturas se desarrollan en manera distinta y progresiva en el espacio y en el tiempo, las religiones hacen una interpretación distinta del misterio trascendente. Eso es el pluralismo religioso.
Dios, el Absoluto, el/lo Trascendente, es inabarcable por el pensamiento humano; es como un diamante poliédrico de infinitas caras. Cada religión puede llegar a percibir algunas facetas de Dios, pero inevitablemente le quedarán en sombra otras facetas. El pluralismo religioso es la manifestación del Dios inefable según las posibilidades de las diversas culturas. Abrirse al pluralismo religioso es recoger cuidadosamente todas las piezas del puzzle para tratar de componer nuestra imagen de Dios.
  • Espiritualidad liberadora
Las Teologías de la Liberación han ido surgiendo en el entorno del Concilio Vaticano II, que resaltó la idea de la Iglesia como Pueblo de Dios.
La teología Latinoamericana de la Liberación nació de la realidad social y de su toma de conciencia en el Sínodo de Medellín, con la denuncia de las estructuras de pecado. Gustavo Gutiérrez, su máximo referente, la definió como “Reflexión crítica de la praxis histórica a la luz de la palabra”.
Esta teología parte de la historia de pobreza y dominación de los pueblos latinoamericanos y la considera como lugar teológico –como principio hermenéutico- para comprender el mensaje del evangelio. Jesús anunció la buena noticia (evangelio) a los pobres, y es desde los pobres desde donde puede ser bien entendida.
El análisis social suscitó una dura reacción en el mundo político, y un infundado recelo en el mundo eclesiástico. Monseñor Helder Cámara expresó muy acertadamente esta conjunción del análisis social y del evangelio al comentar “Si doy pan a un pobre me llaman santo, pero si pregunto por qué un pobre no tiene pan me llaman Comunista”.
La Teología de la Liberación es una denuncia profética de las causas estructurales de la pobreza a la luz del mensaje del evangelio. Progresivamente ha ido extendiendo esta denuncia a toda opresión, cultural, étnica, de género, o religiosa.
La espiritualidad liberadora es el alma de esta teología. Las Comunidades Cristianas de Base son su expresión popular más arraigada. Es una vivencia interna que asume la acción liberadora de Dios en el Éxodo, de los Profetas, de Jesús; no porque los pobres u oprimidos sean mejores, sino porque son pobres, indefensos, y excluidos.
El Papa Francisco, meses antes de ser elegido Papa, reivindicaba con estas palabras al sacerdote Rafael Tello, uno de los iniciadores de la Teología de la liberación:
“La historia tiene sus ironías… Vengo a presentar un libro sobre el pensamiento de un hombre que fue separado de esta Facultad de Teología. Cosas de la historia. Esas reparaciones que Dios hace: que la jerarquía, que en su momento creyó conveniente separarlo, hoy diga que su pensamiento es válido. Más aun, fue fundamento del trabajo evangelizador en Argentina. Quiero dar gracias a Dios por eso.”

lunes, 21 de octubre de 2013

La tradición de Jesús versus la religión cristiana

La tradición de Jesús versus la religión cristiana

BoffPara comprender adecuadamente el cristianismo es necesario hacer distinciones, aceptadas por la mayoría de los estudiosos. Así, es importante distinguir entre el Jesús histórico y elCristo de la fe. Por Jesús histórico se entiende al predicador y profeta de Nazaret tal como existió realmente bajo César Augusto y Herodes. El Cristo de la fe es el contenido de la predicación de sus discípulos, que lo ven como el Hijo de Dios y el Salvador.
Otra distinción importante que hay que hacer es entre el Reino de Dios y la Iglesia. Reino de Dios es el mensaje original de Jesús. Significa una revolución absoluta redefiniendo las relaciones de los seres humanos con Dios (hijos e hijas), con los otros (todos hermanos y hermanas), con la sociedad (centralidad de los pobres), y con el universo (la gestación de un nuevo cielo y una nueva tierra). La Iglesia ha sido posible debido a que Jesús fue rechazado y, por eso, no se realizó el Reino. Se trata de una construcción histórica, que trata de llevar a cabo la causa de Jesús en las diferentes culturas y épocas. La encarnación dominante es en la cultura occidental, pero también se ha encarnado en la cultura oriental, en la copta y en otras.
También es importante distinguir la Tradición de Jesúsy la religión cristiana. La Tradición de Jesús se sitúa con anterioridad a la redacción de los Evangelios, aunque esté contenida en ellos. Los Evangelios fueron escritos entre 30 y 60 años después de la ejecución de Jesús. En ese tiempo intermedio ya se habían organizado comunidades e iglesias, con sus tensiones, conflictos internos y formas de organización. Los Evangelios reflejan y toman partido dentro de esta situación. No pretenden ser libros históricos, sino libros de edificación y de difusión de la vida y del mensaje de Jesús, como el Salvador del mundo.
¿Dentro de esta maraña que significa la Tradición de Jesús? Es ese núcleo duro, el contenido que cabe en una cáscara de nuez y que representa la intención original y la práctica de Jesús (ipsissima intentio et acta Jesu) antes de las interpretaciones que se le hicieron. Se puede resumir en los siguientes puntos: En primer lugar viene el sueño de Jesús, el Reino de Dios, como una revolución absoluta de la historia y del universo, propuesta conflictiva pues se oponía al reino del César. Después, su experiencia personal de Dios que trasmitió a sus seguidores: Dios es Padre (Abba), lleno de amor y ternura. Su característica especial es ser misericordioso, ama a los ingratos y malos (Lucas 6,35). Luego predica y vive el amor incondicional que pone a la misma altura que el amor a Dios. Otro punto es dar centralidad a los pobres e invisibles. Ellos son los primeros destinatarios y beneficiarios del Reino, no por su condición moral, sino porque se les priva de la vida, lo cual lleva al Dios vivo a optar por ellos. En el comportamiento que tengamos con ellos se decide si heredamos o no la salvación (Mt 25 ,46). Otro punto importante es la comunidad. Él escogió a doce para vivir con él; este número doce es simbólico: representa la reunión de las 12 tribus de Israel y la reconciliación de todos los pueblos, hechos Pueblo de Dios. Por último, el uso del poder. Sólo se legítima aquel uso que es servicio a la comunidad y el portador de poder debe buscar siempre el último lugar.
Este conjunto de valores y visiones es la Tradición de Jesús. Como se deduce, no se trata de una institución, doctrina o disciplina. Lo que Jesús quería era enseñar a vivir y no crear una nueva religión con feligreses piadosos de una institución. La Tradición de Jesús esun sueño bueno, un camino espiritual que puede adquirir muchas formas y que puede tener también seguidores fuera de lo religioso y eclesial.
La Tradición de Jesús se transformó a lo largo de la historia en una religión, la religión cristiana: una organización religiosa en forma de distintas Iglesias, especialmente la Iglesia romano-católica. Éstas se caracterizan por ser instituciones con doctrinas, disciplinas, determinaciones éticas, formas rituales de celebración y cánones jurídicos. La Iglesia católica romana en concreto se organizó en torno a la categoría del poder sagrado (sacra potestas), concentrándolo en manos de una pequeña élite que es la jerarquía con el Papa a la cabeza, con exclusión de los laicos y de las mujeres. Ella detenta las decisiones y el monopolio de la palabra. Es jerárquica y creadora de grandes desigualdades. Se identificó ilegítimamente con la Tradición de Jesús.
Este tipo de traducción histórica cubrió de cenizas gran parte de la originalidad y del encanto de la Tradición de Jesús. Por eso todas las Iglesias están en crisis, pues no son “alegría para todo el pueblo” (Lc 2,11) como lo fueron en sus inicios.
Jesús mismo, vislumbrando este desarrollo, advirtió que de poco sirve observar las leyes “y no preocuparse de lo más importante que es la justicia, la misericordia y la fe; esto es lo que importa, sin dejar de hacer lo otro” (Mt 23,23).
Actualizando: ¿En qué reside la fascinación de la figura y de los discursos del Papa Francisco? En que se liga directamente a la Tradición de Jesús. Afirma que “el amor está antes que el dogma y el servicio a los pobres antes que las doctrinas” (Civiltà Cattolica). Sin esta inversión el cristianismo pierde “la frescura y la fragancia del Evangelio”, se transforma en una ideología religiosa y se convierte en una obsesión doctrinaria.
No hay otro camino para recuperar la credibilidad perdida por la Iglesia, sino volver a la Tradición de Jesús, como lo hace sabiamente el Papa Francisco.
Leonardo Boff es autor de Cristianismo: lo mínimo lo mínimo, 2013

lunes, 14 de octubre de 2013

Jesús, una espiritualidad laica

HayaJesús, una espiritualidad laica

Este es el tercer tema de los 7 que comprenderá este curso.
Entre espiritualidad y religión Gonzalo nos mete a Cristo.
¿Se complica o se ilumina el tema con esta alusiús el Galileo?
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UD 3. Jesús, una espiritualidad laica
Reflexión y síntesis
Porque de ellos es el Reino de Dios
CHIQUILLO
“Os aseguro que quien no acoja el reino de Dios como un chiquillo, no entrará en él” Lc 18,17
La espiritualidad del Reino de Dios
Jesús vivió su espiritualidad dentro del judaísmo y nunca renunció a él. Creyó en el cumplimiento de la Promesa –la era mesiánica- y la presentó como el Reinado de Dios. No era lo que esperaban ni los escribas ni el pueblo. No era un Reino de Dios en gloria y poder, al que se someterían todos los pueblos de la tierra.
En el centro de ese Reinado no colocó ni a Pedro, ni a Santiago, ni a Juan; en el centro colocó a un chiquillo:“Entonces se sentó, llamó a los Doce y les dijo: -Si uno quiere ser primero, ha de ser último de todos y servidor de todos. Y cogiendo al chiquillo, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: Quien acoge a uno de estos chiquillos, como si fuera a mí mismo, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, más que a mí, acoge al que me ha enviado” (Mc 9,35-37).
Jesús vivió la espiritualidad del judaísmo pero rechazó los preceptos y ritos que contradecían su experiencia religiosa. Rechazó la pureza o impureza de los alimentos porque servía para separar a los judíos de los otros pueblos: los alimentos no son impuros, las impurezas salen del corazón. El sábado está hecho para el hombre, no el hombre para el sábado. Si vas a presentar tu ofrenda ante el altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano.
Tras la muerte de Jesús, sus discípulos dieron testimonio de que “Dios ha constituido Señor y Mesías a ese Jesús a quien vosotros crucificasteis” (Hch 2,36), pero no tienen instrucciones precisas sobre cómo continuar con el anuncio del Reino.
Pedro sube al Templo a orar; Esteban –el primer mártir cristiano- es condenado por decir que “Dios no habita en templos hechos por manos humanas”. Juan concuerda con Esteban y pone en labios de Jesús una palabras semejantes “Se acerca la hora en que no daréis culto al Padre ni en este monte ni en Jerusalén… los que dan culto verdadero adorarán al Padre con espíritu y lealtad” (Jn 4,21-23).
Santiago exige la circuncisión de los gentiles, Pablo rechaza esa exigencia, Pedro duda. La supresión de la circuncisión -junto con los preceptos de la Ley mosaica- y la confesión de la divinidad de Jesús marcan la diferencia entre el cristianismo y el judaísmo.
La espiritualidad del Reinado de Dios trasciende el judaísmo y el cristianismo, es el fondo de toda espiritualidad.
La espiritualidad de Jesús es laica
“Laica” puede interpretarse en dos sentidos; en sentido de “no sacerdotal” –Jesús no pertenecía a la tribu sacerdotal, ni tuvo ninguna misión clerical- o en el sentido en que decimos “Escuela laica”, es decir, que no pertenece a ninguna religión.
La espiritualidad de Jesús se desarrolló en el judaísmo y después en el cristianismo, pero puede ser asumida por cualquier religión; y creo que por muchos que se consideran ateos.
Las religiones concretan y socializan la espiritualidad. Como decía Rudolf Otto, las religiones tienen elementos racionales y elementos irracionales (no comprensibles con la razón). La religiones se esfuerzan por hacer más asequible la espiritualidad, la racionalizan, la concretan en sus doctrinas, preceptos y ritos. Cuanto más concretan estos elementos racionales, más separan a unos creyentes de otros. La mística y la praxis nos unen, la teología –las explicaciones- nos separan.
La espiritualidad de Jesús, la espiritualidad del Reino de Dios, tiene un mínimo de concreción, un mínimo de elementos racionales; por eso puede vivirse en el judaísmo o en el cristianismo. No depende de una religión. Podemos decir que es una espiritualidad laica.
Veamos, aunque simplificados y esquemáticamente, qué leves son los elementos racionales y que importantes son los elementos irracionales en la espiritualidad de Jesús.
Elementos racionales
En cuanto a la doctrina Jesús tiene en el Jordán una profunda experiencia de Dios como Padre, y a continuación, en la sinagoga de Cafarnaun, proclama el Reino Dios, no como día de justicia sino como año de gracia y de liberación. Estas dos experiencias fundamentales se reflejan en las parábolas del hijo prodigo y del buen samaritano.
El resto de sus enseñanzas se desarrolla también en parábolas, no en conceptos “claros o bien definidos”. A veces pueden parecernos contradictorias como la del hijo pródigo y la del juicio final. Los exegetas escriben libros y libros para explicar qué entendía Jesús por el Reino de Dios. Jesús reconoce en dos paganos una gran fe-confianza; reconoce la fe de la mujer sirofenicia, y encuentra en el centurión romano mayor fe que en todo Israel.
En sus preceptos deja la misma imprecisión. No quiere caer en el fariseísmo de la menta y del comino. ¿Se salvan los ricos? A los discípulos les parece que, según lo del camello por el ojo de la aguja, resultaría imposible; pero Jesús les dice que para Dios nada es imposible. Al joven que le pregunta qué tiene que hacer para salvarse le dice que cumpla los mandamientos, pero ¿cumplen los mandamientos el sacerdote y el levita que dejan al herido junto al camino? Ahí el que cumple es el herético samaritano.
¿Qué ritos religiosos practicó Jesús? Comenzó bautizando como Juan, pero no continuó. Quizás su gran rito fue la comensalidad abierta a todos, ya sea en el campo –multiplicación de los panes- en las casas de los fariseos, de los publicanos, de los amigos, en la barca o en la playa con los discípulos. La eucaristía es el memorial de esta comensalidad.
¿Instituyó alguna jerarquía? Eligió a doce discípulos como símbolo del cumplimiento de la Promesa a las doce tribus de Israel. Todos ellos esperaron hasta el último momento la llegada triunfal del Reino de Dios. A Pedro le llama Satanás porque quiere apartarlo del camino de la cruz; a Juan le reprende por prohibir a un exorcista que no es del grupo y por desear un puesto de privilegio en el Reino. Y expresamente les advierte “Los reyes de las naciones las dominan, y los que ejercen la autoridad sobre ellas se hacen llamar bienhechores. Pero vosotros, nada de eso: al contrario, el más grande entre vosotros iguálese al más joven, y el que dirige al que sirve” (Lc 22,25-26). Después de la resurrección, los discípulos todavía esperaban un Reino triunfalista (Hch 1,6-7).
Marcos sintetiza en el capítulo 11 la actitud de Jesús respecto a una religión degradada por la codicia humana. Entra Jesús en Jerusalén como Mesías sentado en un asno – Maldice la higuera: “Nunca jamás nadie coma frutos tuyos”. – Expulsa a los
Mercaderes del Templo – Pedro se admira de que la higuera está seca, y Jesús les responde (en forma un tanto inconexa) que ellos perdonen a quienes les hayan ofendido y confíen en que Dios les perdonará (¿confíen en que no se secarán como la higuera?) – Finalmente “los sumos sacerdotes, letrados y senadores” le preguntan a Jesús con qué autoridad –no con qué razones, sino con qué autoridad- hace estas cosas. Jesús no quiso recargar su espiritualidad con excesivos conceptos, preceptos y ritos.
Elementos irracionales (en el sentido de Otto)
La espiritualidad de Jesús procede de su experiencia mística en el Jordán: Dios como Padre y su propia misión como liberación de los oprimidos. Y subvierte la lógica de la religión y de la ética: los últimos serán los primeros, las prostitutas por delante de los sacerdotes, la revelación a los sencillos más que a los sabios, la misma paga al jornalero de la última hora, el reino de Dios es de los niños.
Jesús vive las dos características que Otto presenta como irracionales, es decir como “una oscura profundidad a la que no hallan paso nuestros conceptos” :
Reconoce la majestad absoluta del Padre. Sólo a Él le corresponde atribuir un puesto en el Reino, y “ en lo referente al día aquel o el momento, nadie entiende, ni siquiera los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo y únicamente el Padre” (Mt. 24,36). El Padre revela a los sencillos lo que oculta a los sabios y prudentes. Jesús no menciona “la cólera de Dios”, frecuente en el Antiguo Testamento, pero describe con crudeza su irritación ante el administrador perdonado que no perdonó a sus deudores, o ante “esos enemigos que no querían que yo fuera su rey; traedlos aquí y degolladlos en mi presencia. Dicho esto, siguió adelante, subiendo a Jerusalén” (Lc 19,27-28).
Expresa el sentimiento de criatura.“¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo Dios” (Lc. 18,19).“Abba, Padre, todas las cosas te son posibles. Aparta de mí este cáliz. Pero no se haga mi voluntad sino la tuya” (Mc. 14,36).“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado”. (Mc. 15,34). Y al morir “gritó muy fuerte: Padre, en tus manos entrego mi espíritu”(Lc. 23,46).
En conclusión, Jesús vivió la espiritualidad del Reino, no una religión concreta. Murió fiel a la espiritualidad del judaísmo, pero rebelde ante la Ley y el Templo. Expresó sus enseñanzas con símbolos, no con conceptos; su único precepto fue el amor, y su único rito la comensalidad. Fueron sus discípulos quienes concretaron su espiritualidad en el cristianismo.
En el Reino entran el centurión romano, el furioso geraseno, la mujer cananea, y todos los hombres de buena voluntad, crean lo que crean sobre Dios o los dioses.
Desde el principio existía el proyecto para toda la humanidad.

martes, 16 de julio de 2013

ALCANZANDO A JESUS - CONCLUSION DEL PRIMER CAPITULO

DiarmuidConcluye hoy el primer capítulo de‘Alcanzando a Jesús’ de Diarmuid O’Marchu. El proximo martes publicaremos el capítulo segundo que se titula Jesús y la cosmovisión cuántica. Hoy va a describir las cinco últimas cadenas con las que las iglesias han apresado a Jesús:
  • Octava Cadena. El Cautiverio de la domesticación Eclesial.
  • Novena Cadena. El Cautiverio de la respetabilidad de la Clase Media.
  • Décima Cadena. El Cautiverio del personalismo distorsionado.
  • Undécima Cadena. El Cautiverio de la religiosidad insípida.
  • Duodécima Cadena. El Cautiverio de la dominación negra.

Octava Cadena. El Cautiverio de la domesticación Eclesial.

El modelo que nos conduce a buscar el fundamento de este mundo en algún lugar fuera de él, buscando apoyo de ciertas divinidades, parece que está destinado al olvido.
-Ivonne Gebara
Si la Iglesia no pide justicia a las autoridades gobernantes que practican la injusticia hacia el pueblo, la Iglesia ha optado por apartarse de la política de Dios.
-C.S.Song
Los cristianos tienden a ver a Jesús como el fundador de la Iglesia, sin la cual sienten que no pueden seguir a Jesús de forma auténtica. El seguimiento de Jesús no se concibe sin una adhesión a una u otra denominación cristiana. Todas las Iglesias cristianas pertenecen esencialmente a la cultura de la primera sociedad romana, y en el tiempo, han sido fuertemente domesticadas por el culto de la colonización europea.
Consecuentemente, se ha concebido a Jesús como un Señor, un rey todopoderoso y conocedor de todo, el pantocrátor de Constantino. Como Easterbrook (1998) gráficamente ha ilustrado, éstas son proyecciones humanas que distorsionan y enmascaran el Cristo servidor, cuya liberación pertenece más a un empoderamiento igualitario que a un gobierno soberano.
  • Un Nuevo Reino de Dios.
En ningún lado la domesticación ha sido tan corrosiva como en el impacto que ha tenido en lo que los Evangelios describen como el “Reino de Dios.” (Not.: 10) Esta es la estrategia subversiva paradójica que hace a Jesús verdaderamente único entre todos los sistemas de fe conocidos por la raza humana. Para el tiempo de Constantino, el proyecto del “Reino de Dios” ya estaba bien reflejado en el sistema imperial romano. Hasta nuestros días, la fe cristiana ha estado comprometida y acomodada por esa realidad cultural y política.
La estrategia de Jesús ha sido tanto paradójica como subversiva. Fue paradójica en el sentido de que la liberación por la cual los judíos luchaban sería dada no por una intervención imperial sino por un empoderamiento de abajo hacia arriba; de modo que en el tiempo tal liberación subvertiría la misma necesidad de una clase gobernante. Los logros del pasado no garantizarían su cumplimiento; más bien sería una nueva forma de concebirlo lo que daría esperanza e inspiración; es lo que Haught (2000,96-104) describe como la promesa del futuro.
Fue subversivo en un sentido religioso y político. Políticamente, Jesús parecía haber adoptado la imagen de la realeza de la cultura, pero desafió y socavó la comprensión de lo “real” de ese entonces. La única vez que Jesús aprobó que sus seguidores lo llamaran rey (en los evangelios sinópticos), eligió montar un burro mientras que los reyes siempre montaban un caballo. Abrazó el culto de la “realeza”, pero invirtió totalmente su significado.
En lo religioso, el comportamiento de Jesús debe haber sorprendido y confundido a la gente de su pueblo. Los estudiosos de las Escrituras se inclinan a asumir que Jesús estaba muy a gusto en su contexto judío, y estimaba su fe judía. Me parece a mí que la evidencia de esta asunción es muy circunstancial y podría ser una proyección de la misma necesidad de los académicos de tener una fe enraizada en la tradición religiosa.
En las parábolas y milagros Jesús está siempre rompiendo las leyes religiosas y burlándose de la tradición religiosa. Claramente infringía las leyes religiosas que observaban la pureza ritual y nunca ofrecía una explicación o disculpa por su comportamiento tan audaz. Acudía al templo (o sinagoga) para rezar y alabar, pero muchas veces acompañado por los más desechados, cuya misma inclusión se convertía en un acto de profanación del lugar sagrado.
Como un predicador popular, invitaba al pueblo a hacer alianza con Dios, no abandonando su lugar en el mundo sino abrazándolo en el nombre del amor y la justicia. De acuerdo con el Evangelio de Juan, Jesús estaba comprometido con la plenitud de vida -mucho más allá de lo que podía pedir cualquier sistema-.
Me siento atraído por lo que encontré por primera vez en un trabajo provocativo de Tomas Sheehan (1986) donde dice que Jesús al promulgar la visión del REINO DE DIOS, no sólo trascendía su propia religión judía, sino las religiones en general. Boff (1980, 98) se hace eco de los mismos sentimientos en las siguientes palabras:
Jesús no teologiza la religión, haciendo que el pueblo busque la voluntad de Dios, no sólo en libros sagrados, sino principalmente en la vida diaria; desmitologiza el lenguaje religioso, usando las expresiones de nuestras experiencias comunes; desritualiza la piedad insistiendo que uno está siempre ante Dios y no sólo cuando va al templo a rezar; Él emancipa el mensaje de Dios de su conexión con una comunidad religiosa y lo dirige a toda la gente de buena voluntad; y, finalmente seculariza los medios de salvación, haciendo del sacramento “del otro” un elemento determinante para entrar al Reino de Dios.
  • La Visión Domesticada.
Me parece a mí que los Doce Apóstoles en general nunca captaron de qué se trataba el REINO. Querían que Jesús fuera un “Mesías Heroico”, y se desilusionaron mucho cuando Jesús se negó a cumplir sus expectativas. La eclesiología básica de San Pablo, encapsulada en grupos pequeños y flexibles, centrada en la Palabra y en el servicio a la comunidad, de muchas maneras honra lo inclusivo, liberando la visión de Jesús. Con la incorporación del cristianismo en el mundo romano en el siglo IV, la visión de Jesús del Reino fue totalmente demolida. De ahí en adelante se impuso la domesticación eclesiástica.
La Cristiandad nunca olvidó totalmente la visión del Reino, y yo sospecho que nunca lo hará. La verdad arquetípica siempre sobrevivió, y más allá de todos los esfuerzos de domesticación, eventualmente triunfa. Por muchos años de la Edad Media, los frutos del Reino parecían extenderse en distintos y varios movimientos místicos, feministas y algunos orientados hacia la justicia. La Iglesia oficial estaba desorientada por lo que pasaba y tenía mucha dificultad en controlarla. Consecuentemente, los historiadores eclesiales -que tienden a ser varones y clérigos- describen este período como la noche oscura de la Iglesia. Desde la perspectiva del espíritu creador de Dios, yo sospecho que fue una época gloriosa de creatividad y crecimiento espiritual.
Hoy, la domesticación sufre un período de confusión. La Iglesia lucha por movilizar la credibilidad de sus seguidores desilusionados. La mano firme del control está perdiendo su fuerza, al tiempo que la gente crece y se compromete con su fe, no como hijos pasivos sino como adultos cuestionadores. Paradójicamente, la visión del Reino está floreciendo una vez más después de varios siglos de subversión. La gente adulta está comenzando a reclamar una fe adulta en un Dios adulto.
La llamada a la adultez fue precisamente lo que los primeros seguidores de Jesús encontraron difícil de apropiar. Habían sido adoctrinados en un tipo de sumisión y “obediencia mediante el sufrimiento” que inculcaba una actitud infantil. Jesús rompió con todo eso y llamó a sus seguidores a hacer lo mismo. Pero la mayoría no pudieron vivir el desafío. Nos ha llevado a nosotros, los cristianos, 2000 años alcanzar a este Jesús adulto que nos conduce por un camino de fe adulta. Ahora, quizás por primera vez en la historia de la cristiandad, podemos renunciar a este infantilismo. No será una tarea fácil, probablemente cause no sólo una sino varias rupturas o cismas en las Iglesias domesticadas contemporáneas.
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Novena Cadena. El Cautiverio de la Respetabilidad de la Clase Media.

Llevó mucho esfuerzo mitigar el escándalo de la revelación de dios en un pobre carpintero. Su vida y dichos fueron reinterpretados para hacerlos más agradables a los ricos y poderosos. Se tejieron innumerables leyendas alrededor de él, generalmente tratando de elevarlo a un nivel de súper emperador.
-Justo L. González
Es la tarea de la eclesiología asiática liberar a Jesús para la gente común.
-Bying-MuAhn
Los evangelios sugieren que la vida de Jesús concluyó con una procesión triunfal a la ciudad de Jerusalén. Generalmente se dice que era el tiempo de la Pascua. Seguro que la ciudad albergaría mucha gente, la atmósfera sería tensa y expectante y los militares estarían alerta.
Aparentemente era también la ocasión en que figuras mesiánicas buscaban atención y notoriedad. Lo que parece también razonablemente claro es que las autoridades se manejaban sutilmente con tales competidores mesiánicos. En este caso, Jesús hubiera sido rápidamente arrestado -dependiendo de la fuerza de sus reclamos subversivos- y hubiera sido sofocado, seguramente con la muerte.
  • Cuando Honrar es un Error.
Los evangelios proveen un esquema detallado de juicios y supuestas acusaciones. Siguiendo el proceso establecido, la crucifixión era la pena decretada. En la narración de la Pasión en los evangelios, Jesús es tratado como una persona de importancia y estatus. Sus juicios son eventos de perfil alto en los que la justicia máxima es buscada para alguien muy especial. Éste es un Jesús de clase media, de estatus, dignidad y honor.
Pero, ¿fue éste el Jesús real? ¿Es así como se dieron los hechos realmente? ¿Es éste el revolucionario radical del nuevo Reino de Dios? ¿O es ésta una proyección de la respetabilidad de la clase media, con una historia que se embelleció a medida que la tradición oral se fue desarrollando?
Como un gran visionario del Nuevo Reino de Dios, Jesús hizo tambalear los fundamentos de la cultura heredada. Sospecho que muchas de sus historias hicieron que la gente la cuestionara por semanas, por no decir meses. Seguramente atrajo a muchos seguidores y, como suele pasar con los profetas, pocos fueron los que estuvieron con él al final. Se convirtió en algo demasiado grande, abrazar no sólo al mensaje sino también al mensajero.
Por lo que toca a las autoridades en Jerusalén, las que eran religiosas ciertamente habían escuchado hablar de Jesús. Una y otra vez habían tratado de eliminarlo, ahora tenían una gran oportunidad y la tomaron. Sospecho que lo hicieron sin tomar en cuenta lo legal o social. Para ellos Jesús era una peste, eligieron librarse de él tan pronto como podían.
  • Es Prudente Ser Respetable.
2.000 años más tarde, Jesús todavía es cautivo de la respetabilidad de la clase media. Se espera que los cristianos se comporten de acuerdo a las normas culturalmente sancionadas de adhesión, fidelidad y respeto. Se espera que los cristianos obedezcan las leyes de la Iglesia como del Estado, que no cuestionen lo que las autoridades legítimas dicen y que no perturben el equilibrio de los sistemas humanos. Se espera que los cristianos se adhieran a las estructuras jerárquicas que prevalecen en sociedades jerárquicas y que denuncien a aquellos que cuestionen tales paradigmas. Se espera que los cristianos sean buenos y caritativos. El hablar de derechos humanos y justicia tiene una connotación de “izquierda”, y eso se percibe como extraño al cristianismo.
Ello está en las antípodas de la figura profética de Nazaret que escandalizó y perturbó las convenciones de su época en el nombre de la justicia y la liberación. Nuestra respetabilidad se ha cobrado muy caro el auténtico sentido de la vida cristiana. Hemos perdido de vista la visión más profunda, y hemos apagado la pasión y el entusiasmo por el Nuevo Reino de Dios.
El seguimiento de Jesús no es una religión respetable, y sospecho que nunca quiso serlo. Es una llamada a la verdad, justicia y liberación para los que están oprimidos, excluidos y desapoderados. No es para aquellas personas que buscan aceptación y amor a través de la brutalidad y la exclusión, muchas veces invocadas en nombre de la respetabilidad del poder patriarcal.
Los cristianos están llamados a ser diferentes y deben ser reconocidos por ser diferentes. Cuando nos hacemos uno con las normas y procedimientos de la sociedad, hemos perdido la capacidad de ser sal de la tierra y luz para el mundo. Continuamos afianzando el legado de domesticar el mensaje de Jesús.
En la espiritualidad cristiana convencional, se considera que el sufrimiento hasta el martirio es la marca singular de la dedicación cristiana. Mientras no intento subestimar el potencial de cambio que ese testimonio heroico puede hacer posible, la opción del martirio está basada en una retórica que nace de la violencia redentora. En el presente, por lo menos, la opción de vivir por Jesús, más que morir por Él, es lo realmente heroico.
Esto se traduce en un compromiso radical por los valores de la visión del Nuevo Reino de Dios, buscando construir en todo el mundo la justicia, la inclusión y la igualdad que busca un lugar para todos, particularmente para los pobres y marginados en la mesa de la abundancia de Dios. Ésta es la visión subversiva por la cual Jesús entregó toda su vida hasta llegar a la muerte misma. No hay amor más grande que aquel que deja una marca indeleble al construir un mundo mejor para aquellos relegados al margen.
Cuando caminamos la vida como lo hizo Jesús, quizás el martirio más grande no sea el derramamiento de sangre, sino la incomprensión, el rechazo, y el ridículo que experimentamos dentro de nuestra familia, país, iglesia y amigos. El discipulado cristiano no es una opción popular, pero para los que son llamados tiene un valor tan grande que sostiene al discípulo en el que puede ser un camino difícil y solitario.
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Décima Cadena. El Cautiverio del Personalismo Distorsionado.

Las personas no están aisladas sino que existen únicamente en relación. Por tanto, lo significativo no es el cuerpo aislado de Jesús, sino su cuerpo interactuando con otros cuerpos. El cuerpo corporativo generado por Jesús en su interacción con sus contemporáneos y con nosotros es la encarnación de la gestalt de Cristo.
- Meter C. Hodgson
Jesús emerge en la existencia a través de Cristo/Comunidad y participa en su co-creación… Por tanto, lo verdaderamente cristológico, lo realmente revelador de la encarnación divina y del poder salvífico en la vida humana, debe residir en la conectividad y no en individuos separados.
-Rita Nakashima Brock
La espiritualidad cristiana atesora la noción de una relación personal con Jesús. En general se la considera la señal de una vida espiritual bien madura. Esta aspiración bien intencionada conlleva una cantidad de presunciones no examinadas, de las cuales la más básica es la posible proyección en Jesús de lo que nosotros entendemos que significa ser persona, en el contexto de la cultura occidental contemporánea.
  • El Ser Separado.
En occidente, el paradigma valioso respecto a ser persona es el de ser independiente, individualizado, racional. Es un concepto desarrollado originalmente en la Grecia antigua, y detallada en los sistemas filosóficos de Platón y Aristóteles. En general, éste es el concepto de persona que adoptan los concilios eclesiásticos (por ej. Nicea y Calcedonia) al formular las primeras doctrinas cristológicas. Es el concepto de persona adoptado ampliamente en culturas occidentales contemporáneas, y en aquellas influenciadas fuertemente por valores occidentales. Pero está particularmente ausente en las culturas nativas del África, Asia, América Central y América del Sur.
Se da por descontada la validez de la versión griega/occidentalizada de la persona humana, y se valora hasta tal punto que a la mayoría nunca se le ocurre cuestionar su hegemonía. Sin embargo, hay un concepto alternativo que está mucho más generalizado de lo que suponemos y que es mucho más congruente con nuestra historia evolutiva como especie humana. Frecuentemente se lo encapsula en la frase: “En todo momento soy la suma de mis relaciones, y eso es lo que constituye mi identidad.” Esto es lo que en adelante llamaré concepto relacional; el otro enfoque lo denominaré concepto autónomo.
En la descripción autónoma, el énfasis está mayormente en la singularidad humana por encima y en contra de todo lo demás en la creación. No sólo es ésta una orientación de confrontación, también habla de la especie humana como algo superior a todo lo demás que existe. El matiz más fuerte es que cada persona es independiente y separada de todas las demás personas y toda otra cosa en la creación. La separación probablemente sea el rasgo singular más distintivo del punto de vista autónomo.
Antropológicamente tiende a estar basado en la opinión de que nosotros, los humanos, estuvimos enlazados con la naturaleza durante la mayor parte de nuestro desarrollo evolutivo, y que al llegar a la madurez requirió que nos diferenciásemos claramente de todo lo demás. De ahí la noción de separación. Ésta es la base de la alienación severa que los humanos experimentamos hoy, especialmente en las así llamadas naciones desarrolladas de occidente. Al separarnos de la naturaleza y establecernos por encima de ella, muchas veces con la bendición y validación de la religión formal, nos aislamos efectivamente de la matriz sustentadora a la que pertenecemos íntima e integralmente.
Nuestro concepto de persona autónoma probablemente sea la ilusión más grande que sufrimos los seres humanos. Se contrapone a lo que hemos sido durante gran parte de los seis millones de años que hemos poblado la tierra. Es producto de los milenios recientes, mayormente, cuando no totalmente. Es otro corolario de la necesidad compulsiva de los seres humanos de estar totalmente al cargo. Cuanto más nos ponemos al cargo, tanto más nos distanciamos de la matriz relacional cósmica a la que pertenece todo en la creación.
El concepto relacional del ser humano lucha por honrar la red relacional de la vida a través del cual todo se concibe, crece y prospera. Nosotros los humanos somos una dimensión integral de esa red, pero nos convertimos en pestes amenazadoras a medida que profanamos y explotamos parte de la red de la vida. La verdad dolorosa, naturalmente, es que no destruiremos la creación, porque todo lo demás en la creación tiende a respetar la red relacional. No es la creación la que destruiremos, sino a nosotros mismos.
  • ¿Qué Tipo de Persona era Jesús?
Los apologistas cristianos supusieron desde el principio de los tiempos cristianos que Jesús pertenecía al mundo de personas autónomas. (Not.: 11) De ahí el deseo de los apóstoles de exaltar a Jesús en un trono como una figura soberana, algo que él siempre resistió según los Evangelios Sinópticos. En esta senda de ignorancia, una de las más persistentes de cualquier tradición religiosa conocida por la humanidad, los cristianos nunca parecen haber cuestionado esta presunción básica acerca de la persona de Jesús. Invocamos mucha retórica acerca de ser moldeados a imagen y semejanza de Dios, pero, en verdad, dedicamos una cantidad de energía enorme moldeando a Dios a nuestra imagen y semejanza, y con Jesús hemos hecho lo mismo de la manera más descabellada. Como dijo Richard Rohr (2004, 122):
Jesús vino para hacer una declaración desconcertante acerca de nosotros, y hemos evitado ese mensaje tratando de hacer declaraciones profundas acerca de él – afirmaciones acerca de las cuales nunca estamos todos de acuerdo y nunca lo estaremos, sino que simplemente las discutimos.
Tal vez una de las pistas más claras dadas en los Evangelios está en Lucas 7, 18-22, donde Jesús insinúa una comprensión de sí mismo muy diferente en la respuesta a los discípulos de Juan el Bautista. Los discípulos enfrentaron directamente a Jesús con la cuestión de su identidad. Resulta interesante que él no responde con lo que la Iglesia ha proclamado que es la gran afirmación de fe, supuestamente dicho por Pedro: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios Viviente”. Jesús no responde directamente a los discípulos de Juan el Bautista, él contesta de manera extrañamente desconcertante: “Vayan a contar a Juan lo que han visto y oído…” (v.22).
En mi opinión, la pista vital es inequívoca. Jesús sugiere que vayan y miren su matriz relacional, el contexto en que su vida es vivida liberando lo relacional, el compromiso con su cultura de la que Jesús mismo obtiene su identidad personal e individual. Aparte de ese contexto, de esa red relacional, Jesús no tiene una identidad personal, como se sugiere en las citas de apertura de Brock (1992) y Hodgson (1994).
Por extensión, ahora vislumbramos un significado más profundo acerca de la noción del Reino de Dios, el enfoque principal de la vida y misión de Jesús. El trabajo del Reino no es algo que Jesús esté activando en el mundo de su época. La visión del Reino es una extensión de la persona de Jesús a través del cual Jesús se convierte en una identidad personal única. El Nuevo Reino de Dios es la matriz relacional de Jesús en su sentido más grande y más integral. Por lo tanto, Jesús, cuando habla de sí mismo, señala al Reino que es la plenitud de su ser relacional. Como dijo Robert W. Funk (1996, 305):
Jesús se refirió a algo que él llamó dominio de Dios, algo que él no creó, algo que él no controló. Yo quiero descubrir qué fue lo que Jesús vio, o escuchó o sintió que le resultaba tan encantador, tan cautivante, tan estimulante que lo mantuvo en su asombro. Yo no quiero que lo que hicieron sus seguidores me engañe: en lugar de mirar para ver qué fue lo que él vio, sus discípulos tendieron a clavar su mirada en su dedo índice. Jesús mismo no debería ser, no debe ser, el objeto de la fe. Eso sería repetir la idolatría de los primeros creyentes.
Jesús pertenece, total e inequívocamente, a la dimensión relacional del ser humano y nunca tendría que haber sido aprisionado en el molde del ser autónomo. Este es el reduccionismo que a la larga creó una preocupación voyeurista con la divinidad de Jesús, y se convirtió en una distracción burda de la manera radicalmente nueva de ser humano que Jesús nos manifestó. Esta iniciativa de comprometerse con la revelación relacional liberadora de Dios en Jesús sigue siendo uno de los desafíos más grandes para la fe cristiana que todavía espera una respuesta auténtica del pueblo cristiano.
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Undécima Cadena. El Cautiverio de la Religiosidad Insípida.

La sensación de impotencia es la forma más profunda de separación que la civilización produce.
-Dorothee Soelle
El mundo está lleno de cristianos, y sin embargo nada cambia. Tal vez sea hora de cambiar. Bailemos con Eva y vayamos en busca de Lilith, la primera de nuestros ancestros en rechazar la encarnación de la jerarquía destructiva.
-Lisa Isherwood.
Las culturas patriarcales tienden a generar un clima de codependencia. Algunos están al cargo y otros son sumisos, y para mantener a la mayoría en un rol “obediente”, es predecible que surja una retórica de la paternidad. Vemos esto en toda cultura religiosa importante, porque toda la religión formal está fuertemente influenciada por la hegemonía patriarcal. En el cristianismo, se manifiesta en nuestra designación de Dios como Padre, la iglesia como madre, nuestra relación con Dios como hijos, y la adopción de la familia como el icono principal de cómo la fe ha de ser vivida.
En este contexto, hay poca esperanza de que se honre un discipulado de iguales. El adulto como adulto siempre luchará para encontrar un lugar auténtico. La adultez se relega a aquellos que gobiernan, es decir, a aquellos que controlan. Debido a que el control es básicamente el de una relación disfuncional que falla de una manera u otra, el común de la gente tiende a ser tratada como “niños”.
  • Una Espiritualidad de Lugares Comunes.
Aquí se desarrollan varios rasgos de comportamiento. En esta coyuntura quiero destacar el de la religiosidad insípida. La gente tiende a alimentarse con una espiritualidad del tipo devocional en que los poderes que gobiernan tratan de calmar todos sus miedos, responder a todas sus preguntas, y asegurarles que a la larga está garantizado el rescate divino si permanecen leales a los requisitos del grupo que gobierna. La mayor parte del tiempo, la gente se siente no merecedora, y así es precisamente como la elite reinante prefiere que sea. La gente recurre a las prácticas devocionales para ganar el favor de la deidad reinante. Su compromiso con Dios y con la vida es materia de preparación para que se cumpla en una vida por llegar.
Jesús y la historia cristiana han sido condenadas a la misma espiritualidad de tipo infantil. Jesús es descrito popularmente como un niño amable y obediente en un sistema de familia que honra la prioridad del varón como jefe, y Jesús mismo es designado el primogénito. Sin cuestionar el hecho, se presume que es fiel a su fe judía nativa, aunque varios factores en los Evangelios sinópticos, especialmente en las parábolas, muestran a Jesús criticando e ignorando algunos principios centrales de su propia fe. La Iglesia, hasta el día de hoy, continúa afirmando que Jesús quería una nueva religión en su nombre, una proclamación que deja fríos a los expertos serios y a un bloque creciente de cristianos iluminados intelectualmente.
La literatura espiritual tiende a adoptar el Evangelio de Juan con fervor excesivo, proclamando que Jesús continuamente sostenía una relación de oración con el Dios al que se dirigía y al que honraba como padre. Por lo tanto, en la vida cristiana se considera fundamental la relación espiritual “personal” con Dios, quedando redundante e irrelevante el compromiso con las esferas sociales, políticas o incluso interpersonales. Es en este nivel que la visión del Reino de Dios queda comprometida de una manera más seria. La salvación llega a verse como algo singularmente individual, y se descarta toda responsabilidad por la creación de Dios, aduciendo que es una distracción que interrumpe el verdadero trabajo de la salvación.
La cultura de la religiosidad insípida no se desmantelará fácilmente. Reconozco respetuosamente que este tipo de esperanza espiritualizada es lo que sostiene y nutre a millones de personas en las partes más pobres del planeta. Les ayuda a mantener algo de sentido y esperanza frente a la horrenda opresión e injusticia que sufren. La ironía cruel es que no ofrece ninguna solución a su suerte. Los mantiene resignados ante algo que deberían combatir y resistir, como Jesús querría que lo hicieran. En su lugar se les hace pensar que ésta es la voluntad de Dios para ellos, y muchas veces es la óptica que avalan los predicadores evangélicos proclamando una fe complicada y transigida que poco tiene que ver con el Jesús liberador de los Evangelios.
  • Compasión para la Liberación.
Si verdaderamente honramos el Jesús del Reino de Dios, lo que encontramos es un visionario espiritual encendido con el Espíritu viviente de Dios, animado con la intensa pasión del profeta, iluminado con la profunda percepción del místico, y enraizado en el fango y textura de la tierra viviente. Verdaderamente esto es Dios con la gente, el Emmanuel de una manera ferozmente real. Éste no es un Dios para un aislamiento devocional, para una retórica evangélica, o para un análisis académico. Éste es un Dios de compromiso, participación, liberación y compasión.
La compasión es una cualidad interesante de Jesús. La palabra griega splanchnizomai es un verbo, no un sustantivo, como en su traducción al inglés. La domesticación cultural frecuentemente adopta la estrategia de reducir los verbos a sustantivos. Tiene consecuencias alarmantes para la visión de Jesús. Honrando el verbo original griego splanchnizomai, “compasión” significa una empatía visceral intensa con el sufrimiento del otro. Jesús siente la agonía del dolor del otro en lo profundo de su propio estómago, una experiencia de conexión con el sufrimiento. “Compasión” es una palabra llena de fuerza, vitalidad, enojo justificado, y un deseo insaciable de ver que se haga justicia. No tiene nada que ver con lástima o piedad, las palabras insípidas que muchas veces se usan para traducir ese término fogoso. (Not.: 12)
De todas las necesidades urgentes que tiene la iglesia cristiana hoy, ninguna es más importante que la necesidad de recuperar la faz profética de Jesús. Cualquier otra cosa es sólo otra forma de perpetuar el culto del espiritualismo insípido y la ideología de la obediencia. Hará tambalear la credibilidad misma de la iglesia según ha existido durante los últimos dos mil años, pero Jesús es más grande que el contexto; y al final es la visión de Jesús la que importa. Sea que la iglesia opte por la reforma o no, la historia de Jesús se seguirá contando, seguirá creciendo y floreciendo con su audaz originalidad.
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Duodécima Cadena. El Cautiverio de la Dominación Negra.

Los colonizadores le arrebataron al África su cultura, religiones y sistemas económicos, pero la cristiandad mantuvo intacto el poder patriarcal, es más, lo reforzó.
-Marcella Althaus-Reid
Muchas cristologías africanas están preocupadas con las culturas antiguas del África que se vuelven irrelevantes para nuestras necesidades y asuntos africanos contemporáneos.
-John Onatyekan
La cristiandad se convierte rápidamente en la religión del Hemisferio Sur. En 1966 el 66% de los católicos vivían en el mundo blanco occidentalizado; hoy el 75% vive en el Hemisferio Sur, y otras denominaciones cristianas siguen un patrón similar. Esto nos presenta con un potencial desafío espiritual fascinante. Requiere una redefinición fundamental del modo en que comprendemos nuestra herencia cristiana y la manera en que lo vivimos en el mundo contemporáneo.
A medida que trascendemos progresivamente la etnicidad blanca que millones de personas suponen que es endémica a la identidad cristiana, nos encontraremos con algunas preguntas sobrecogedoras pero liberadoras. El nuevo contexto cultural expeditará la reapropiación de una comprensión diferente de encarnación. Históricamente, la encarnación de Dios en nuestra especie es una solidaridad con la raza negra más que con ninguna otra identidad étnica. La solidaridad de Dios con la humanidad a través de los seis millones de años de evolución humana ha sido predominantemente un reconocimiento de la etnicidad negra en el Hemisferio Sur.
  • La Falsa Ilusión del Poder.
Sin embargo las culturas negras de hoy son precisamente las que traicionan más a Jesús. Las iglesias negras perpetúan una religiosidad devocional que difiere en gran medida con las realidades de la vida diaria y son muy débiles para confrontar las grandes cuestiones de la justicia en el mundo. La masa creciente de clero negro tiende a perpetuar el poder y el control a un grado que hace que el imperialismo occidental parezca insulso y benigno.
La lógica es trágicamente miope. Los obispos y curas africanos adoptan la filosofía de inculturación, concepto presentado más que nada por misioneros occidentales, y buscan como modelos principales a sus jefes locales. En las culturas africanas, el jefe ostenta el poder absoluto y autoridad sin cuestión. Es respetado y honrado como si fuera una deidad por mérito propio. El clero africano proclama que éste es un aspecto único de su cultura y que pertenece profundamente a su historia y tradiciones.
Ésta es su gran ilusión. No pertenece a sus tradiciones, y un poco de historia indica fácilmente que no es así. Pertenece a la era del colonialismo europeo, cuando los colonos elevaron a los jefes, de su condición de animadores sociales y espirituales de sus comunidades para convertirlos en tiranos despiadados que cobrarían impuestos e impondrían la voluntad de los colonos en otros aspectos. Aquí es dónde el gran jefe obtuvo su prerrogativa poderosa, no del África misma, sino del occidente patriarcal.
  • Opresión Internalizada.
Este monopolio patriarcal se ha infiltrado en cada dominio de la cultura humana, y aunque los occidentales están desencantados con su hegemonía, en varias partes de los dos tercios del mundo de África, sudeste de Asia y Sudamérica, todavía cautiva a la gente con una atracción mortífera. Éste es el encanto de la opresión internalizada. Aquellos que alguna vez fueron víctimas de la opresión todavía llevan el dolor y el trauma de esa opresión en el subconsciente profundo. Tiene que salir de una manera u otra, y para aquellos que no comprenden cómo funcionan los procesos internos, los propios parientes, el propio pueblo y cultura pueden convertirse fácilmente en víctimas de las proyecciones subconscientes.
En nuestro deseo de estar a la altura de los opresores, repetimos subconscientemente la estrategia de los opresores. Se pueden haber eliminado las estructuras externas y sistemas de las fuerzas opresoras, no obstante, se tarda mucho más tiempo en liberar las cadenas internas que nos aprisionan. (Not.: 13) Bajo el gobierno colonial internalizamos la necesidad de ser sumisos y obedientes, se nos entrenó para pensar que esta dispensación hecha por el hombre provino de Dios en realidad. Sin saberlo podemos perpetuar esta ideología mortífera, que no tiene nada que ver con un Dios de encarnación y todo que ver con la encarnación del colonialismo.
En varias culturas del Hemisferio Sur -cristiano y no cristiano- hay una expectativa cultural para que las mujeres se vistan de una manera que exponga lo menos posible sus atributos corporales. Ésta es otra imposición cultural alimentada por el deseo patriarcal de hacer y mantener invisibles a las mujeres. Está fuertemente reforzado y protegido por la religión dominante. Las mujeres mismas la defienden ferozmente para ser respetadas y respetarse entre ellas. Esta explicación no resiste análisis y sirve como un ejemplo clásico de la clase de racionalización que se vuelve demasiado común cuando la opresión internalizada ni se nombra ni se reconoce. (Not.: 14)
Para los cristianos en el Hemisferio Sur, éste es el momento de la suprema comprensión. La opresión puede durar siglos, precisamente cuando ha sido normalizada e incluso exonerada como un estándar cultural. Esto nunca puede justificarse diciendo que es la voluntad de Jesús. Esto es comprometer la visión liberadora de Jesús y su aversión total al sistema de valores patriarcales en todas sus formas.
Demográficamente el futuro de la cristiandad está en las tierras del sur, pero la cuestión formidable es si el sur cristiano puede honrar la visión radicalmente liberadora de su fundador, y las perspectivas no son buenas. Sin embargo, la historia de Jesús tiene una indomable resiliencia, y cabe la esperanza de que el Sur, infundido con la sabiduría decisiva del Gran Espíritu, aceptará el desafío profético, y podrá hacerlo antes de lo que se supone.

lunes, 24 de junio de 2013

REFLEXIONES SOBRE EL 50 ANIVERSARIO DEL CONCILIO VATICANO II


DOCUMENTO FINAL DE CURSO.
REFLEXIÓN ANTE EL 50 ANIVERSARIO
DEL CONCILIO VATICANO II



El deseo de una Iglesia distinta vivía en el corazón de muchos, ya entonces, en entorno a los años 60. El Espíritu cultivaba anheladas esperanzas de renovación. La convocatoria del Concilio Vaticano II supuso una eclosión de optimismo: al fin se iniciarían las tan necesarias reformas. Una vez terminada la magna asamblea, los nuevos textos conciliares, aunque a veces ambiguos o contradictorios, nos dieron pie a pensar en un renacimiento  de la Iglesia.

Efectivamente, hubo un tiempo de ilusión. Con la celebración del Concilio Vaticano II, creíamos que nuestras esperanzas iban a hacerse realidad, que era posible otra Iglesia, progresivamente desclericalizada, donde los laicos asumieran en igualdad con el clero su papel protagonista dentro de ella, donde las mujeres, cuya presencia en las comunidades superaba con creces a la de los hombres, iban a ser respetadas como tales y valoradas sin ningún tipo de prejuicio, dándoles la posibilidad de ir integrándose en los distintos organismos eclesiásticos de decisión, de reflexión teológica, de pastoral, igual que en los diversos ministerios de la Iglesia. Creíamos posible una nueva concepción de la sexualidad, un celibato opcional, separaciones matrimoniales abiertas a un nuevo matrimonio, y algunos, en este caso menos, un sacerdocio ministerial para un determinado tiempo, que podía ser renovado, sacerdotes escogidos por el pueblo, que podían ser hombres o mujeres, casados(as) o solteros(as). Creíamos en una renovación litúrgica que nos llevaría a celebraciones sencillas, desapareciendo de ellas todo boato, abiertas a una creatividad responsable, sin el corsé de las férreas rúbricas. Creíamos que llegaríamos a una valoración positiva de todas las religiones como distintos caminos de manifestación de un Dios único. Creíamos que con el Concilio llegaría, aquí en nuestro país, la desaparición de la mentalidad y comportamientos del nacional-catolicismo, que parecía era también la máxima aspiración de algunas jerarquías católicas en otras partes del mundo, lo que llevó a muchos obispos a apoyar, directa o indirectamente, las dictaduras que había en sus países, tal como sucedió en algunos lugares de Latinoamérica. Creíamos que, ya por fin y de verdad, en la Iglesia todos seríamos iguales, que desaparecería el carrerismo eclesiástico y todas las dignidades, títulos y cualesquiera otra “condecoración”. Pero ya entrados los años 80 éramos conscientes de que la Iglesia-institución iniciaba una marcha hacia atrás, nuestras esperanzas se iban truncando y nuestro optimismo se esfumaba poco a poco con el paso del tiempo.

En los primeros momentos posconciliares empezábamos a constatar cambios importantes: veíamos un nuevo  estilo de gobierno en las jerarquías católicas, parecía que iba a ser posible una participación en la “gestión” de la Iglesia en todos los niveles: parroquial, diocesano, nacional y mundial. Creíamos posible iniciar el camino de una auténtica “democratización” intraeclesial. Lo hicimos algunos en nuestras parroquias a través de los Consejos Parroquiales, cuya realidad superaba la nomenclatura dada, al darles carácter decisorio real. Creíamos que se iniciaba una verdadera renovación cuando nos convocaron para elegir a nuestros arciprestes y vicarios territoriales, que luego nombraba el obispo. Se crearon también organismos diocesanos de participación en la gestión económica, pastoral… Pero cuando se les quiso dar una entidad jurídica, -ya el tiempo iba pasando y surgían otros vientos-, se vio el valor que desde las últimas instancias se les concedía a todos estos organismos de gestión: serían “meramente consultivos”. La última palabra, la decisión, quedaba en manos del párroco, del obispo o del Papa. Y  cuando apareció el nuevo Código de Derecho Canónico, éste consagró el existente monarquismo absolutista clerical.

Muchos pensábamos que las Conferencias Episcopales y los Sínodos de Obispos asumirían las necesarias funciones para que pudiese ir desapareciendo el poder concentrado en los distintos Dicasterios del Vaticano. Pero sucedió más bien lo contrario. Los Sínodos serían meramente consultivos y siempre bajo la tutela del Vaticano. Las Conferencias Episcopales nacionales quedaron prácticamente en nada. La colegialidad, tan defendida en el Concilio, no se le daba contenido alguno. Pero, al contrario, aumentaron en importancia los organismos romanos, que, actuando en nombre del Papa, “monarca” absoluto,  eran los que gestionaban el poder legislativo, ejecutivo y judicial en la Iglesia.

En aquellos años, cuando algunos comenzábamos a andar, tanteando, con incertidumbre, todavía con algo de miedo, por el camino de la libertad, superando aquellos parámetros, a veces totalmente irracionales, de los “pecados mortales”, o de lo que era lícito o válido; cuando muchos comenzábamos a ser capaces de romper el corsé del ritualismo sacramental para hacer liturgias más vivas y cercanas al pueblo…; cuando muchos quisieron ser de verdad clero “secular”, prescindiendo de las ropas talares, incorporándose a trabajos civiles…, -proceso en el que tomaron parte también algunos religiosos y religiosas que salieron de sus conventos para trabajar “en el mundo”-,  nos parecía que estábamos comenzando nuevos tiempos de luz evangélica en la Iglesia. El brillo de aquella luz se fue apagando poco a poco, quizás más que nada por falta de oxígeno bajo la cúpula romana al irse cerrando las puertas y ventanas que se habían abierto con el Concilio. Quizás por eso aquel fuego no se propagó o quedó ahogado.

También creíamos que se iniciaría una nueva presentación de los contenidos de la fe católica, teniendo en  cuenta los avances de las ciencias humanas y bíblicas, que obligaban a revisar creencias que se consideraron verdades inalterables: el modo de entender al Dios Creador, el origen de la materia, de la vida y del hombre, el pecado original… Era imprescindible armonizar el contenido esencial del mensaje cristiano con la razón moderna. Creíamos que se iniciaría una des-ideologización de la “doctrina cristiana”, para purificarla de todas las adherencias filosóficas antiguas, de los ropajes ideológicos de los que se fue revistiendo al paso del tiempo, y llegar así al conocimiento del cristianismo más originario para presentarlo de modo sencillo y comprensible al mundo de hoy. La aparición del Catecismo de la Iglesia Católica (1992-1997) nos hizo ver nuestra ingenuidad al respecto. Sus contenidos bien poco se distinguían, tanto en la forma como en el fondo, de lo que se enseñaba en la Iglesia en los años anteriores al Concilio.

Por otra parte, dado el contexto democrático de las sociedades occidentales y los nuevos aires conciliares, creíamos que se cambiaría el modo de concebir la autoridad en la Iglesia. ¿Se puede entender que absolutamente todo dependa en nuestra Iglesia de una sola persona? ¿Se puede entender el modo de elegir al Papa, a los obispos y a los párrocos? Hay que arbitrar alguna manera para dar una amplia participación en su elección a aquellos que van a recibir el servicio de esos ministerios. Igual que el teocentrismo filosófico-teológico ha quedado anticuado, así también la concepción teocrática de la autoridad.

Según transcurría el pontificado de Juan Pablo II, iban poco a poco desapareciendo todas  las esperanzas renovadoras. Las poderosas fuerzas conservadoras de la Iglesia fueron ocupando casi todos los organismos eclesiásticos: Dicasterios, nunciaturas, sedes diocesanas, presidencias de las Conferencias Episcopales… El equilibrio, mal conseguido como se vio luego, en los textos del concilio quedó roto en la práctica al paso del tiempo. Poco a poco se fueron poniendo en marcha desde Roma unas directrices que, con la ayuda de la mayoría de los obispos, nos condujeron a la situación actual de control no sólo de los comportamientos sino también de las ideas, condicionando la libertad de pensamiento, de investigación…, hasta el punto de que aquellos que en sus estudios analizan, insinúan o proponen nuevas ideas distintas del exigido pensamiento único católico, son separados irremediablemente de sus cátedras, si son enseñantes; o les niegan sus editoriales, si pretenden escribir un libro o publicar una revista; o sus edificios, si alguien quieren impartir en ellos una conferencia… Se condena, se rechaza o se arrincona la teología de la liberación, cuyo fruto innegable fue el compromiso ejemplar al que condujo a muchos cristianos (laicos, religiosos, curas), que se empeñaron en conseguir un mundo mejor, a veces a costa de su propia vida. Habíamos entrado en el invierno eclesial, según palabras de K. Rahner en 1983.

Nosotros, cristianos que queremos mantener viva nuestra fe en Jesucristo, que para nosotros es la verdadera luz en el camino de la vida y el pan que la alimenta, siendo como es la Iglesia y tal como estamos actualmente ¿qué podemos hacer? ¿Podrían ser estos hoy parte de nuestros objetivos principales?

“Democratizar” las instituciones eclesiales de base: parroquia, movimientos cristianos…, dando participación de decisión y de gestión a todos. Tratar de influir para conseguir esto mismo en los demás niveles de la Iglesia. Debemos ser conscientes de la importante fuerza del clero que está en la base, del papel de “líder” que le otorgan las comunidades cristianas.

Tomar posturas de libertad, al estilo de los hijos de Dios, practicando, si fuere necesario, una “desobediencia debida”, como de hecho ya hicieron muchos sacerdotes y laicos, liberándose de las innumerables leyes que regulan tan minuciosamente las conciencias y los comportamientos, siguiendo así el ejemplo de Jesucristo respecto a las autoridades y leyes del judaísmo, y como hicieron después los apóstoles, respondiendo a las autoridades, que pretendían impedirles anunciar el evangelio, que tenían que obedecer antes a Dios que a ellos.

Podemos también seguir creando pequeñas comunidades cristianas donde juntos podamos, con la luz de la Palabra de Dios, descubrir cada día a Jesús de Nazaret y su mensaje, que es el mejor incentivo para el seguimiento del Señor y mantener el compromiso cristiano, celebrando sacramentalmente a Jesucristo con una liturgia participativa y creativa, sin que ello suponga una ruptura con la Iglesia-Institución, de quien hemos recibido la semilla de nuestra vida espiritual y donde también vive el Espíritu que nos enriquece a todos. Ella ha de ser igualmente campo de nuestro compromiso en el quehacer de un mundo mejor.

También será uno de nuestros primeros objetivos el mantener una constante crítica constructiva, que siempre tenga como base un cordial respeto a las personas. Es la función profética que ha de asumir todo cristiano, obligado a denunciar siempre todo aquello que contradice lo que Jesús fue y dijo, tanto fuera como dentro de nuestra Iglesia. En primer lugar hemos de salir siempre en defensa de los más débiles, aquellos donde más anida el sufrimiento humano. En lo que se refiere a nuestra Iglesia: hoy cada vez son más, entre ellos algunos obispos, los que están pidiendo la desaparición del Estado Vaticano con todo su entramado de poder eclesiástico, las pomposas liturgias pontificales, los títulos y honores, etc., lo que está a todas luces en contradicción con Jesucristo y su evangelio. También nosotros compartimos este deseo.

Y sobre todo es fundamental la unión entre todos los que buscan una Iglesia distinta, más jesuánica. Necesitamos organizaciones y líderes, dispuestos a romper moldes, que aglutinen a las personas que quieran el cambio, necesitamos referencias que nos ayuden a converger, a encontrarnos, a promover acciones comunes. Es necesario comenzar uniéndonos en asociaciones, en pequeñas comunidades cristianas, en foros, etc., y luego alcanzar nuevos niveles de integración. Para ello disponemos hoy de unos potentes y rápidos medios de comunicación que hemos de utilizar para unirnos y juntos poder hacer más fuerza para ir consiguiendo los objetivos que nos marquemos. Es necesario ir integrándonos a través de las redes virtuales, que nos facilitan enormemente estar siempre en comunicación.  Ya hay quienes están  en este camino. Es posible que REDES CRISTIANAS aquí en España sea una buena plataforma de integración plural, así como la RED EUROPEA IGLESIA POR LA LIBERTAD. Y todos juntos unidos en una RED UNIVERSAL.

El compromiso cristiano del que ya hemos hablado habrá de estar matizado por una opción preferencial a favor de los marginados, los empobrecidos, los excluidos por la razón que sea: sexo, religión, raza, riqueza…

Muchos no creemos que sea cuestión de concentrar todos nuestros esfuerzos en pedir un nuevo concilio, ni de hacer nosotros una gran asamblea alternativa. Podemos sumarnos a esas iniciativas, si se llevan a cabo como plataformas de renovación eclesial. Pero es más importante estar en “Asamblea Permanente”, reflexionando y llevando a la práctica, según cada grupo o cada uno vayamos progresivamente viendo qué es lo que debemos hacer o decir.

Por otra parte, hay quien piensa que el Concilio Vaticano II ya no puede ser referencia para los cristianos de hoy. La circunstancias son totalmente distintas a las que había hace 50 años. Los interrogantes que se hacen los hombres y las mujeres de hoy son diferentes y las respuestas que hay que dar son otras. A nuestro nuevo mundo,  parte de él “virtual”, no podemos hablarle en el mismo lenguaje del último concilio.

Ya finalmente, decir que muchos pensamos que nuestras preocupaciones más importantes quizás no debieran estar, aunque sí también en alguna medida, tan dentro del ámbito eclesial. Los problemas más graves hoy son otros y a ellos habría que dedicar una atención preferente. Problemas que tenemos muy cerca de nosotros: como la exclusión de los inmigrantes de la seguridad social, el altísimo número de parados, muchos de ellos sin ayuda, la mucha gente que hay con salarios mínimos o pensiones insuficientes, los desahucios… Y otros aún más graves que están allende nuestras fronteras: la gente que muere por carecer de lo fundamental para la subsistencia o de los medios más elementales de sanidad, las muchas guerras que aún hay, y otras violencias que también producen muertes sin parar, la explotación y opresión que hay en todo el mundo, tanto infantil como de adultos, sin olvidar la explotación irracional de la Madre Tierra… etc. De la manera que sea, con más o menos dedicación, todos estamos obligados a la cooperación nacional o internacional, a través de los cauces que estén a nuestro alcance. La Iglesia no puede ser nuestra única preocupación, ni siquiera ha de ser la principal.

Bien es verdad que la Iglesia católica supone un enorme potencial, tanto espiritual como material, y es muy distinto que se emplee de un modo u otro. Por eso, uno ve que es muy razonable que sea motivo de nuestra atención con el fin de que tantos medios y tanta energía humana se utilice  en el quehacer de un mundo mejor, que es el modo de hacer que progrese el Reinado de Dios. Es importante que la Iglesia sea en el mundo una gran fuerza humanizadora dentro de los parámetros de los derechos humanos fundamentales reconocidos por las Naciones Unidas.

En buena medida nuestras vidas son deudoras del pasado concilio, aunque hayamos tenido que vivirla en contradicción con los nuevos aires que cerraron puertas y ventanas en la Iglesia. Gracias al concilio, y a los que siguieron la dirección por él marcada, se recupera la Palabra de Dios para el pueblo y empezamos a hacer atención a los signos de los tiempos, lo que nos obliga a una continua puesta al día. Gracias a él algunos hemos podido alcanzar un cierto grado de libertad  que impidió nuestra asfixia espiritual: sobre todo moral e intelectual. Gracias al concilio, y a todos cuantos mantuvieron y desarrollaron las nuevas ideas que en él nacieron, hemos podido llegar a comprender que lo verdaderamente importante para un cristiano es el seguimiento de “Jesucristo”, tal como originariamente fue presentado, limpio de adherencias ideológicas y sin contaminaciones socio-políticas. Gracias al concilio hemos podido comprender que tan importante como creer es vivir de acuerdo con la fe a la que nos adherimos, y gracias a él hemos sabido también que creer es comprometerse.

No queremos terminar estas reflexiones sin citar el esperanzador acontecimiento eclesial del Papa Francisco